EL CARCELERO
Solo sé que mis palabras extraviaron el camino, que resignaron su destino y
perecieron en el ocaso, de un aliento en su marcha fúnebre hacia su último
respiro. Un ser condenado a partir, desdibujado, reducido, abatido en el
fracaso.
Sonríe, lánguida sombra, sonríe… ya casi sin latidos.
Y suplico piedad mirando al cielo, pero he sido olvidado a mi suerte. El eco
de mis agónicos quejidos resuena en un altar indiferente.
¡Carcelero dolor, ten piedad! ¿No ves que soy culpable? Que mis
remordimientos son grilletes que no me permiten marcharme.
Que debes estar ahí, asegurando la cadena, cuando ya es fatal mi suerte… Vivir es mi infame condena.
IVAN CASTRO
21/02/2025
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