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Un soñador…

 No cambiaría un solo de tus segundos, aun sabiendo que en tu partir he quedado herido, que sufro hambriento, sediento de ti, abrazando tu recuerdo ingrávido en el vacío.   Recuerdo esa sensación… de estar lleno, completamente lleno, ignorando con fe y esperanza, tocándote, deleitándome, tal vez ingenuo, pero leal al alma.   Complaciente entre mis dedos, respirándote, ¡mi alma! Te recuerdo profunda y liviana, siendo una sola con mis manos.   Te encontré, me encontraste en un rincón de mí para darme consuelo.   Limpiaste de mis ojos el miedo, construiste esperanza con los escombros del suelo, del niño abandonado que soñó que podía creer nuevamente y que siempre podría tenerte.   Pero te fuiste… ya no quiero mis ojos. Tu silencio atravesó mi garganta, hervida en mentiras, aquellas que antes fueron verdades.   Pero te fuiste… ya no quiero mis manos tu perfume de madera, tu esperanza, todo...

LA BRUJA

Sin duda que es ella... Hablándome en una lengua inteligible Con una voz tosca y un dejo de burla perceptible. Ríes al verme colgado, mientras cae el taburete. Copulas con mi asfixia Te deleitas con mi suerte.     Humillado, en la horca ¿Es como querías verme? ¿Dime si eso te importa? ¿Dime si te divierte? Inclemente esperanza Una burla en mi pecho frío En cada oración, cada rezo Aferrándome al vacío.

EL CARCELERO

Solo sé que mis palabras extraviaron el camino, que resignaron su destino y perecieron en el ocaso, de un aliento en su marcha fúnebre hacia su último respiro. Un ser condenado a partir, desdibujado, reducido, abatido en el fracaso. Sonríe, lánguida sombra, sonríe… ya casi sin latidos. Y suplico piedad mirando al cielo, pero he sido olvidado a mi suerte. El eco de mis agónicos quejidos resuena en un altar indiferente. ¡Carcelero dolor, ten piedad! ¿No ves que soy culpable? Que mis remordimientos son grilletes que no me permiten marcharme. Que debes estar ahí, asegurando la cadena, cuando ya es fatal mi suerte… Vivir es mi infame condena. IVAN CASTRO                                                                                    ...

¡ya es suficiente!

Me cuesta silenciar sus voces, a veces prefiero ignorarlas, buscando algo trivial para callarlas, un propósito, algún grillete, una mordaza. Pero cuando me encuentro a solas, es cuando enfrento mis pensamientos, llegan purulentos, sedientos de dolor, a beber mis lágrimas... me persiguen como una sombra, ecos de llanto y desesperanza, me roban el aliento, me ciegan, me callan, me atan. Algunos de ellos me llenan de temor, otros no puedo concebir recordar. Trato de evitarlos, pero son sádicos y regresan a cualquier hora para disfrutar. Lloro a diario, con tus canciones, insoportablemente felices. Me he perdido en tu recuerdo, en este estado onírico, lejos de la verdad y sus heridas certeras. Es tu ausencia la que llevo siempre conmigo, junto a esta inmensa tristeza, sin librar batallas contra el tiempo que me ahorca y me asfixia. En cada minuto, menos conciencia, más ironía, menos calma. Y si la risa es el reflejo del alma, la mía ya ha partido. Escucho sus pasos entre salones y en mis s...